Por: Juan Pablo Morán


 

Previo a los cuartos de final y después de haber presenciado la mediocridad del planteamiento del partido hecho por José Guadalupe Cruz el domingo pasado, me dispongo a escribir la columna de esta semana. Ya tenía tiempo sin exponer mi punto de vista y me pareció importante hacerlo hoy, pues lo que presencié el fin de semana en el estadio de las Chivas fue algo por demás preocupante y que cada vez pasa más desapercibido en nuestro balompié y en muchas otras partes del mundo.

 

Mi queja no tiene nada que ver con el juego en sí, el cual estuvo bien jugado por el Guadalajara y totalmente desperdiciado por parte del Atlas, que vuelve a quedarse en la orilla gracias a planteamientos timoratos de entrenadores mediocres.

 

Mi opinión va dirigida a situaciones como las que se dieron el sábado “dentro y fuera de la cancha” de los Rayados de Monterrey, que como ya sabrán, aficionados de tigres fueron emboscados por una mayoría rayada en las tribunas del estadio. No se sabe a ciencia cierta como comenzó el pleito, si algún tigre presumió el triunfo a sus rivales o simplemente fue el ardor delos aficionados del equipo local por haber sido eliminados por el odiado rival, al final de cuentas son imágenes que deseamos no ver más en el fútbol.

 

Apenas el 17 de abril pasado un joven 22 años murió en Argentina al ser lanzado de las gradas del estadio y golpeado su cabeza contra las escaleras, todo por ser señalado como hincha de Talleres infiltrado en la barra de Belgrano. Horas después se desmintió esta información y se corroboró al joven como hincha de Belgrano. De cualquier manera, no existe ninguna razón para que un partido de fútbol termine en una tragedia.

 

Yo mismo he sido víctima de la violencia en los estadios; solo por portar la camiseta del contrario y sin ninguna otra razón, estos trogloditas se fueron a los golpes contra mí causándome heridas y golpes menores en el cuerpo. Afortunadamente pude salir de esa multitud y no pasó a mayores.

 

El papel de violentos no le pertenece a la gente de Rayados, como tampoco está exenta la de Tigres. Tan violenta es la barra de Chivas por golpear policías, como también lo es la porra del Atlas por saltarse a la cancha. Los grupos de animación o barras, como se les llama, son un problema para poder ir a ver un juego de tu equipo favorito, pero la violencia no es exclusiva de ellos, pues en el estadio suceden peleas entre aficionados ajenos a esos grupos que al encontrarse alcoholizados y al elevarse la pasióntambién pierden los estribos y se van unos contra otros.

 

Todos estos ejemplos y situaciones son cosas que desgraciadamente se dan en los estadios, y está muy mal. La liga y los equipos deben de buscar mecanismos para erradicar poco a poco cualquier indicio de violencia, es por esto que vuelvo al partido del domingo pasado entre Chivas y Atlas, pues me llamó mucho la atención ver que en las pantallas del estadio del Guadalajara aparecían las letras de los canticos de la porra de Chivas para que sus aficionados en el estadio las cantaran con ellos. Hasta aquí me podrán decir que es una gran idea, y que la mercadotecnia respalda esa acción por parte del club. El problema es cuando la letra de los cánticos que están poniendo en esas pantallas y que niños, mujeres y jóvenes cantan al unísono son cosas como: “Por chivas es morir o matar” y provoca que el aficionado común entone otros cánticos de esa barra como: “Y a todos los rojinegros voy a matar” y también cosas como “100 años de cogerme a la acade”, me parece increíble que un club con tanta historia, de los llamados “grandes”, tenga tan poco tacto y sea incapaz de darse cuenta que esa acción de poner la letra de las porras en sus pantallas además de ser una provocación, incitan a la violencia, un hecho realmente lamentable y que ojala el club recapacite esta situación.

 

 

 

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